¿Cómo nos adaptamos al cambio climático en Europa? ¿Y en África?

mekongAvanzamos hacia un mayor calentamiento global, e incluso si a día de hoy dejáramos de emitir gases de efecto invernadero, tendríamos que enfrentarnos a los efectos de los gases ya emitidos a la atmósfera. Hay estudios que estiman que las máximas temperaturas a consecuencia de los gases ya emitidos no se alcanzarán hasta el año 2050. Por otro lado, seguimos emitiendo gases de efecto invernadero así que, por el momento, no tenemos otra alternativa que adaptarnos al cambio climático.

Para la mayoría de los que vivimos en países desarrollados la adaptación ha sido hasta ahora un proceso más bien suave. Gracias a sistemas de calefacción y refrigeración, podemos adaptarnos fácilmente a temperaturas extremas con sólo subir o bajar el termostato. Ante la amenaza de inundaciones, los gobiernos han protegido a los habitantes de Londres, Los Ángeles y Tokio con sofisticados sistemas de defensa. Por ejemplo, el Reino Unido gasta 1.200 millones de dólares al año en protección contra inundaciones; en los Países Bajos, la gente está comprando viviendas que pueden flotar en el agua y en Europa la industria del esquí está invirtiendo en máquinas que hacen nieve artificial.

Por el contrario, en otras partes del mundo las capacidades de adaptación al cambio climático son diferentes ¿Cómo puede un agricultor pobre de Malawi adaptarse al cambio climático cuando las frecuentes sequías y la falta de lluvia merman la producción? ¿Cómo puede una persona que vive en un barrio marginal de Manila o Tegucigalpa protegido sólo con planchas plásticas y metálicas adaptarse a la amenaza que presentan ciclones cada vez más intensos? ¿Cómo pueden las personas que viven en los grandes deltas del Ganges o el Mekong adaptarse a las inundaciones de sus viviendas y tierras?

La cruda realidad es que mientras Europa invierte en máquinas de nieve, en los países más pobres y vulnerables del mundo, 2.600 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día. Mientras en el mundo desarrollado estamos mayoritariamente a salvo, las personas más pobres de los países en desarrollo están totalmente expuestas a la realidad del cambio climático. Está comprobado que debido al calentamiento global se están alterando los patrones climáticos a nivel mundial y cuando la sequía golpea los países del Cuerno de África, las cosechas se pierden y llegan años de hambruna, mujeres y niñas tienen que dedicar largas horas del día a ir a buscar agua. Por el contrario, en el delta del Ganges (entre La India y Bangladesh), la gente lucha contra las crecidas del río construyendo casas de bambú sobre pilotes contra las inundaciones y en el delta del Mekong en China tienen que plantar manglares para protegerse contra las tormentas, y las mujeres y los niños tienen que aprenden a nadar.

Sucesos como sequías, inundaciones y huracanes ya tienen un lugar destacado en las vidas de los pobres y suelen ser experiencias terribles para los afectados, ya que ponen en riesgo su vida y los dejan con una sensación de gran inseguridad. Estos episodios climáticos extremos no sólo afectan a las personas en el momento de la catástrofe, sino que también destruyen sus oportunidades a largo plazo. Está demostrado que estos fenómenos meteorológicos extremos tienen consecuencias negativas para el desarrollo humano durante generaciones, ya que afectan a la productividad de las sociedades y a las capacidades humanas de los individuos. Por ejemplo, en Etiopía y Kenia, dos de los países más propensos a las sequías, los niños de cinco años tienen entre hasta un 50% de probabilidad de sufrir desnutrición si nacen durante un período de sequía. Sólo en Etiopía, esto significó 2 millones más de niños desnutridos en 2005. En Níger, los niños de dos años que nacen durante un período de sequía son un 72% más propensos a tener retraso en su crecimiento. Y se ha documentado que mujeres que nacieron en La India durante las inundaciones de los años setenta experimentaron un absentismo escolar un 19% mayor en comparación con años sin inundaciones.

Las Naciones Unidas estima que entre el 2000 y el 2004 unas 262 millones de personas resultaron afectadas por desastres climáticos y más del 98% de ellas vivían en países en desarrollo. De los países pertenecientes a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), uno de cada 1.500 habitantes ha sido afectado por un desastre climático. La cifra correspondiente para los habitantes de los países en desarrollo es de una de cada 19 personas.

El cambio climático no se presentará como un suceso repentino en la vida de los pobres. Poco a poco, los fenómenos climatológicos extremos van afectando a diferentes zonas del planeta. Es cierto que es difícil atribuir directamente un incidente específico al cambio climático, pero estos fenómenos están aumentando de manera sistemática con consecuencias negativas a largo plazo para los individuos más pobres y vulnerables de los países en desarrollo. Es cada vez más evidente la desigualdad de capacidades para adaptarse al cambio climático. Los que vivimos en la parte más desarrollada del mundo apenas nos hemos visto afectados por fenómenos meteorológicos extremos, siendo nuestra huella ecológica y nuestras emisiones de carbono a la atmósfera mucho mayores que las de las personas más afectadas en los países pobres. Y esto es lo más preocupante de las consecuencias del cambio climático; los causantes del mismo permanecen a salvo, mientras que los pobres continúan luchando contra unas condiciones cada vez más hostiles. ¿Será demasiado tarde cuando la humanidad se de cuenta de esta situación? ¿En qué estado estamos dejando el mundo a nuestros hijos?

Estas reflexiones y datos han sido sacadas del Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y disponible en español en el siguiente link.

Foto: Dawson-Foremans

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Etiquetas: adaptacion, cambio climático, desarrollo, paises pobres

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