crisisalimentariaEl precio de alimentos básicos como trigo, maíz o arroz alcanzó su máximo histórico en Mayo del 2008, principalmente a consecuencia de la subida de los precios del petróleo, lo que incrementó los costes en la fabricación de fertilizantes y en la producción, distribución y transporte de los alimentos. Tras la bajada de los precios del petróleo varios meses después, los precios de los alimentos también bajaron, sin embargo se estabilizaron en un precio que doblaba que el nivel del año 2007. Expertos creen que estos altos precios se mantendrán hasta, por lo menos, el año 2015. Esto es debido a que, además de las fluctuaciones de los precios del petróleo, otros factores han contribuido a este aumento del precio de los alimentos básicos: episodios climáticos extremos (sequías o inundaciones) en aéreas de producción que disminuyeron el rendimiento de las cosechas, el rápido incremento de la superficie destinada a biocombustibles y la especulación en los mercados de alimentos.

En Europa y Estados Unidos las consecuencias de la denominada crisis alimentariase han traducido en un encarecimiento de la cesta de la compra y una mayor inflación. En los países en desarrollo el número de personas bajo el umbral de la pobreza ha aumentado en 110 millones, con 44 millones más de personas sufriendo los efectos de la desnutrición, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Del mismo modo como ocurre con el cambio climático, son las personas más pobres de los países en desarrollo los que más están sufriendo las consecuencias de la crisis alimentaria ya que tienen que destinar entre el 70% y 80% de sus ingresos a la alimentación. Expertos creen que si se volviera a producir un aumento de los precios del petróleo, estas familias tendrían que destinar hasta el 90% de sus ingresos totales a la compra de alimentos.

La demanda de alimentos continuará en aumento en las próximas décadas como consecuencia del crecimiento de la población, estimado en unos 2.7 billones más de individuos en el Planeta entre hoy hasta el 2050. Obviamente estas personas necesitaran viviendas, comida y otros recursos naturales que incrementarán la presión sobre los sistemas naturales para la producción de alimentos. La mayoría de estas personas emigrarán (o nacerán en) ciudades de países en desarrollo. Está comprobado que este éxodo del campo a la ciudad trae consigo cambios en los patrones de consumo de alimentos de la población. En las ciudades la gente tiene acceso a una dieta mucho más diversa que en el campo, aumentándose el consumo de productos lácteos y carne. Se da la circunstancia que, mientras en los países más pobres del mundo (principalmente en África) las poblaciones padecen hambrunas a consecuencias de las sequías, en las últimas décadas algunos países en desarrollo como Brasil, Vietnam, Turquía, China y La India la población han experimentado una mejora en la alimentación, adoptándose poco a poco los patrones de consumo y la diversidad de productos existentes en los países desarrollados. Estas nuevas demandas de productos obligan a cambiar el patrón productivo, contribuyendo a estimular la producción de cereales para la producción de piensos de ganado. Actualmente alrededor de la mitad de la producción de cereales mundial se destina para alimentar al ganado, no a las personas. Desde un punto de vista energético, es mucho más eficiente alimentar a la población con cereales que con carne, ya que se necesitan 3 kg de cereales y 16,000 litros de agua para producir 1 kg de carne. El impacto de los cambios de consumo en países en desarrollo, el crecimiento del consumo en los países industrializados y una población creciendo geométricamente, están empujando a la producción de cereales al límite. El problema es que estos cereales se están destinando a alimentar al ganado para satisfacer una demanda de mayor variedad de productos en determinados países del planeta, no para alimentar a las familias más pobres de los países en desarrollo.

La productividad agrícola se ha aumentado en los últimos años como consecuencia del uso masivo de fertilizantes y de aumentar la deforestación. Pero aunque la producción de alimentos ha aumentado, no lo ha hecho al mismo ritmo que el consumo, por lo que nos enfrentamos a una desestabilización de la oferta y la demanda. Es poco probable que incrementos similares de la producción agrícola puedan llevarse a cabo de nuevo, ya que ahora se conocen las consecuencias nefastas para el medio ambiente del uso masivo de fertilizantes y la deforestación.

Entre las soluciones a corto y medio plazo para atajar estos problemas, caben destacar la regulación de los precios de los alimentos en los mercados mundiales, evitando la especulación con productos básicos; reducir el área de cultivo destinada a biocombustibles (ya que está compitiendo con el área destinada a la producción de alimentos); una mayor inversión en tecnología, investigación y desarrollo para aumentar la eficiencia en la producción y disminuir el desperdicio de comida en la producción, transporte y consumo de alimentos.

Se puede encontrar más información al respecto en el documento La crisis ambiental alimentaria (The Environmental Food Crisis), publicado esta semana por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

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Etiquetas: cambio climático, Crisis alimentaria, pobreza, produccion de alimentos

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